Revista Dentistas Febrero 2019 Nº 35

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La gala que todos años organiza el Consejo General de Dentistas en Madrid, no solo tiene un valor lúdico y social, sino sobre todo, una gran utilidad institucional y profesional.

Institucional, porque permite aumentar la relación personal con muchos representantes de la Administración, tal como ha ocurrido en la edición de este año, con la presencia de la Ministra de Sanidad Dª María Luisa Carcedo.

En segundo lugar, porque se conceden los premios de la Odontología Española, que son una forma de reconocer públicamente la actividad clínica, docente y social de nuestros compañeros galardonados.

Los doctores Badanelli y Martínez Berná, no solo han sido profesionales que han contribuido al prestigio y desarrollo de la Odontología a lo largo toda su vida profesional, sino que singularmente sus apellidos siempre estarán vinculados al nacimiento y desarrollo científico y profesional de la Endodoncia, una de las disciplinas básicas que han marcado el inicio de la Odontología moderna en España.

Al doctor Jaime Alfonso Gil Lozano, tengo la suerte de conocerlo desde hace años, cuando en compañía de otros muchos compañeros gallegos, nos desplazábamos hasta el Hotel Meliá Castilla para, en el salón de los tapices, asistir a los cursos que organizaba en colaboración con la Universidad del Sur de California.

Aquellos cursos, gestionados gracias a su generosidad, contribuyeron no solo a formar cuando la Universidad apenas formaba, sino que consiguieron abrir los ojos de muchos compañeros que decidieron apostar a partir de entonces, por la formación continuada de calidad. Pero estos premios, mucho más que un reconocimiento público a una determinada virtud de los profesionales, suponen una declaración de principios, ya que reconocen el compromiso y la entrega que a lo largo de muchos años han mantenido estos compañeros con su profesión.

Educar en valores es mucho más racional y eficaz que hacerlo por objetivos, y por eso la estela de los grandes profesionales siempre permanecerá guiando, aún sin quererlo, a las generaciones venideras.