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No podríamos iniciar este editorial sin recordar las palabras que escribió Isabel Allende: “No sabemos lo fuertes que somos hasta que nos vemos obligados a sacar esa fuerza oculta, porque en tiempos de tragedia, de guerra, de necesidad, la gente hace cosas asombrosas. Es impresionante la capacidad humana para la supervivencia y la renovación”.

No es posible disimular en este editorial, la tristeza, la angustia, la desesperación y la incertidumbre de una profesión que se ve de nuevo sacudida por una terrible crisis económica y social, cuyas consecuencias, de momento, escapan a nuestra imaginación. Todo este número de Dentistas está repleto de información técnica y pertinente que nos sitúa en la amplitud y consecuencias profesionales de la presente pandemia, por lo que nos limitaremos en este editorial a volcar emociones diferentes.

La gripe de 1918 se propagó a la velocidad de los vapores trasatlánticos y del Orient Express, mientras que la Covid-19 lo hizo a la velocidad de un Boeing, siendo la primera vez en la historia que un acontecimiento, de manera simultánea, tiene similares consecuencias en todas las edades, países, clases sociales y profesiones.

Por eso, cometeríamos un error si evaluáramos esta situación, exclusivamente, desde un modelo económico o profesional. Ya no somos los mismos. Y estos días, a lo mejor sin desearlo, nos han transformado en otras personas que han revisado sus valores, sus creencias, sus necesidades y su futuro.

Quizás por ello no es momento de soluciones mágicas ni rápidas, sino de llevar a cabo una profunda refl exión en el ámbito personal y profesional, con el objetivo de crear estrategias que nos permitan convivir de una manera diferente, con los nuevos enemigos. Esta crisis también nos deja resquicios positivos, como el aumento de comunicación entre los profesionales de la Odontología a través de las redes sociales, su deseo en aportar soluciones y criticar las establecidas, el tono moderado y constructivo de las aportaciones, así como las iniciativas y extensa información que hemos recibido de nuestro Consejo General.

Nuestra profesión ha sido considerada esencial durante la pandemia y así lo seguirá siendo, aunque debemos de abrir una ventana al diálogo y al consenso para en este momento en el que volvemos a partir de cero, podamos adaptar nuestra actividad sanitaria y empresarial a un nuevo mundo por descubrir.

Nos esperan tiempos difíciles, pero como en su día recordó Michelle Obama: “cada cicatriz que tienes no es el recuerdo de una herida, sino la señal de que has sobrevivido”.

 

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Todo el país ha seguido con expectación y una preocupación creciente la crisis sanitaria provocada por la llegada del coronavirus Covid-19 y su enorme repercusión en el ámbito económico, educativo, institucional, social y profesional.

A medida que las malas noticias se fueron transformando en catastróficas, los ciudadanos fuimos tomando conciencia de que nos enfrentábamos no solo a un problema de salud, sino a nuestro frenético deseo de conocer lo que realmente la verdad podía esconder. En nuestra memoria, por desgracia, aún permanecía el recuerdo de la gripe A, la infamia del Prestige y asuntos como el funesto aceite de colza, en los que el desconocimiento y la desinformación hicieron casi tanto daño como las terribles secuelas.

Por todo ello, la complicada y dolorosa decisión de trasladar Expodental 2020 al 2, 3 y 4 de julio de este mismo año ha demostrado por una parte responsabilidad y, por otra, generosidad. Pero, sobre todo, una exquisita coordinación entre la dirección de IFEMA, los organizadores de Expodental, el Consejo General de Dentistas y el propio Ministerio de Sanidad que, en una decisión sin precedentes, han antepuesto el bien común a los intereses de clase. Sabemos que esta difícil medida ha generado gran cantidad de anulaciones, pérdidas económicas, ha frustrado proyectos y posibles intercambios comerciales, pero creo que en la mente de todos los que participaron en la decisión se encontraba el bien común que es, al fin y al cabo, el que diferencia en las grandes ocasiones a los países con futuro de los que se mueven al son de la pandereta.

Como comprenderán, por imperativos de tiempo no hemos podido cambiar muchos de los contenidos de este número de Dentistas, preparado en parte para esta Expodental, pero sí hemos querido transformar el Editorial como una forma de dar las gracias a todos los que no han protestado, ni tan siquiera han querido alzar la voz pensando que nuestro país, nuestra profesión y nuestros compatriotas se merecen nuestros cuidados. Nos vemos en julio en nuestra Expodental.



Revista Dentistas

 

A FONDO

Cómo afecta el deporte a la salud oral y viceversa

ENTREVISTA

Mariano Sanz, Dentista del año: "España es un país de referencia mundial en Periodoncia y Terapéutica de Implantes"

ESPECIAL

Premios anuales del Consejo General de Dentistas



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 La ley 10/1986 sobre Odontólogos y otros profesionales relacionados con la salud dental, fue elaborada tras una intensa, compleja y arbitraria negociación política. La consecuencia de todo ello fue la elaboración de un texto ambiguo, que no delimitaba de manera explícita competencias y dejaba en manos de los futuros Gobiernos el desarrollo de la Ley.

En el preámbulo de la Ley se declaraba que el desarrollo de todas estas profesiones sanitarias ha de cumplir las exigencias de calidad y nivel formativo acordes con los actuales conocimientos técnicos y científicos, con las necesidades sanitarias y asistenciales de la población y con los requisitos de homologación internacionalmente admitidos, especialmente los derivados de las directrices comunitarias en esta materia.

Pues bien, la realidad actual es bien diferente, ya que no se han cumplido ninguna de las exigencias Europeas. Nuestro país es el único de la UE que no posee Especialidades de la Odontología y nuestras competencias se han visto cercadas y ahora parece que acorraladas por otras profesiones del ámbito dental. Urge por tanto, que el nuevo Gobierno, sea o no de coalición, se ponga manos a la obra para desarrollar cuanto antes la Ley sobre los Odontólogos y otras profesionales sanitarias, con el objetivo de delimitar competencias, llenar de contenido las distintas profesiones y poner de una vez por todas, límites a los que confunden contenidos de formación académica con la actividad clínica reglada sobre un paciente. La Odontología no ha sido sólo una exigencia Europea, sino una necesidad de la profesión, que tiene también como principal cometido, coordinar al resto de los integrantes del equipo dental. Por ello, cuando una profesión sanitaria se atribuye competencias que legalmente no posee, no solo da un salto en el vacío, sino que esta circunstancia no la convierte en músico, aunque crea que toca muy bien la flauta.

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 La disciplina de ortodoncia, junto a la cirugía bucal, son dos de las especialidades oficiales de la Odontología reconocidas en todos los estados de la Unión Europea, salvo España y Luxemburgo.

En nuestro país, el desarrollo profesional y científico de la ortodoncia no podría entenderse sin los nombres de Canut, Moreno, Cervera, Font, González Giralda y tantos otros que, desde hace más de medio siglo, han luchado por alumbrar los estudios de la especialidad para nuestros odontólogos.

En este número de Dentistas, los doctores Pérez Varela, Palma y Suárez vierten sus interesantes opiniones acerca de la actual situación profesional en la ortodoncia, analizando y destripando la actividad clínica, el mercado laboral y los estudios de Grado y Postgrado. En sus reflexiones, destaca el papel predominante de la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO), no solo en la formación, sino también como núcleo armonizador de los profesionales con dedicación preferente a esta área del conocimiento.

No sería tampoco justo olvidar la importante labor de la SEDO al conseguir certificar profesionales bajo el paraguas de su permanente lucha ética por alcanzar la excelencia clínica.

Estamos convencidos de que las sociedades científicas nunca deberían desempeñar las funciones reservadas por Ley a las futuras especialidades, pero mientras unos andan discutiendo dónde se entierran los muertos… otros deben seguir trabajando todos los días para guiar el futuro de los vivos.