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 La ley 10/1986 sobre Odontólogos y otros profesionales relacionados con la salud dental, fue elaborada tras una intensa, compleja y arbitraria negociación política. La consecuencia de todo ello fue la elaboración de un texto ambiguo, que no delimitaba de manera explícita competencias y dejaba en manos de los futuros Gobiernos el desarrollo de la Ley.

En el preámbulo de la Ley se declaraba que el desarrollo de todas estas profesiones sanitarias ha de cumplir las exigencias de calidad y nivel formativo acordes con los actuales conocimientos técnicos y científicos, con las necesidades sanitarias y asistenciales de la población y con los requisitos de homologación internacionalmente admitidos, especialmente los derivados de las directrices comunitarias en esta materia.

Pues bien, la realidad actual es bien diferente, ya que no se han cumplido ninguna de las exigencias Europeas. Nuestro país es el único de la UE que no posee Especialidades de la Odontología y nuestras competencias se han visto cercadas y ahora parece que acorraladas por otras profesiones del ámbito dental. Urge por tanto, que el nuevo Gobierno, sea o no de coalición, se ponga manos a la obra para desarrollar cuanto antes la Ley sobre los Odontólogos y otras profesionales sanitarias, con el objetivo de delimitar competencias, llenar de contenido las distintas profesiones y poner de una vez por todas, límites a los que confunden contenidos de formación académica con la actividad clínica reglada sobre un paciente. La Odontología no ha sido sólo una exigencia Europea, sino una necesidad de la profesión, que tiene también como principal cometido, coordinar al resto de los integrantes del equipo dental. Por ello, cuando una profesión sanitaria se atribuye competencias que legalmente no posee, no solo da un salto en el vacío, sino que esta circunstancia no la convierte en músico, aunque crea que toca muy bien la flauta.

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 La disciplina de ortodoncia, junto a la cirugía bucal, son dos de las especialidades oficiales de la Odontología reconocidas en todos los estados de la Unión Europea, salvo España y Luxemburgo.

En nuestro país, el desarrollo profesional y científico de la ortodoncia no podría entenderse sin los nombres de Canut, Moreno, Cervera, Font, González Giralda y tantos otros que, desde hace más de medio siglo, han luchado por alumbrar los estudios de la especialidad para nuestros odontólogos.

En este número de Dentistas, los doctores Pérez Varela, Palma y Suárez vierten sus interesantes opiniones acerca de la actual situación profesional en la ortodoncia, analizando y destripando la actividad clínica, el mercado laboral y los estudios de Grado y Postgrado. En sus reflexiones, destaca el papel predominante de la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO), no solo en la formación, sino también como núcleo armonizador de los profesionales con dedicación preferente a esta área del conocimiento.

No sería tampoco justo olvidar la importante labor de la SEDO al conseguir certificar profesionales bajo el paraguas de su permanente lucha ética por alcanzar la excelencia clínica.

Estamos convencidos de que las sociedades científicas nunca deberían desempeñar las funciones reservadas por Ley a las futuras especialidades, pero mientras unos andan discutiendo dónde se entierran los muertos… otros deben seguir trabajando todos los días para guiar el futuro de los vivos.

 

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Desde hace algunos años, las rancias diferencias entre Odontólogos y Estomatólogos, afortunadamente, solo se reflejan en los libros de historia y su consecuencia más positiva ha sido, en la mayoría de los casos, la aparición de un nuevo profesional mejor formado, mejor documentado y con una amplia visión multidisciplinar de nuestra profesión.

Existe una tendencia generalizada a juzgar con excesivo rigor a las nuevas generaciones, y así ocurre con padres e hijos, jefes y subordinados, profesores y alumnos y cómo no, entre profesionales experimentados y jóvenes inexpertos. Al final, todo se limita a un problema de edad, ya que ellos pueden modificar su proyecto vital, mientras que nosotros debemos jugar con las cartas marcadas que reparte nuestro predecible futuro.

Por esta razón, conviene trasladar a la sociedad el alto nivel de conocimientos que los actuales Odontólogos poseen en el tratamiento de los pacientes complejos y especiales, así como en el diagnóstico de las enfermedades específicas de la cavidad oral, razones que los han convertido, por derecho propio, en los actuales médicos de la boca.

Este número de la revista Dentistas refleja está situación con una doble propuesta. Por un lado, un interesante artículo sobre el manejo actual de los pacientes anticoagulados y también con la nueva biblioteca que nos propone la Fundación Dental Española —FDE— y el Consejo General, y en la que se abordan interesantes temas médicos, otros específicos de salud bucodental y también de mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

Todas estas acciones tienen un claro objetivo: trasladar a la sociedad la idea de que nuestros profesionales, no solo se limitan a tratar los problemas de los dientes, sino que han ampliado su competencia y formación procurando aplicar sus conocimientos en beneficio de la salud de todos los pacientes.

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Tras el resultado de las últimas elecciones generales, y antes de que los pactos políticos establezcan las auténticas reglas de juego sobre las que se ha de cimentar el futuro de nuestro país, creemos que la estabilidad social, económica y política es un deseo anhelado por la mayoría de todos nosotros.

Tras una intensa campaña electoral, en la que tras muchos años —quizás más de veinticinco— ha emergido de nuevo el interés de nuestros políticos por el estado bucodental de los ciudadanos, también hemos podido cerciorarnos de que, como cabría esperar, las propuestas eran ambiguas, escasamente comprometidas y por supuesto alejadas de cualquier compromiso presupuestario.

Antes y después de celebradas las elecciones, el presidente del Consejo General de Dentistas, Óscar Castro, ha delimitado y remitido a los distintos partidos parlamentarios un interesante documento que ahora reproducimos en parte, que no solo contiene nuestras propuestas profesionales, sino también un conjunto de cambios legislativos que mejorarían la atención y salud bucodental de los ciudadanos.

En resumen, estas propuestas de futuro se englobarían en las siguientes acciones políticas:

- Aprobación de una ley de publicidad sanitaria a nivel nacional.

- Establecer numerus clausus en las facultades de Odontología.

- Creación de las especialidades de Odontología.

- Aplicación de la Ley 2/2007 de Sociedades Profesionales.

- Aumento de la cartera de servicios de Odontología en la sanidad pública.

Como pueden comprobar, se trata de propuestas racionales que requieren un escaso gasto presupuestario, que tienen el consenso de casi todos los sectores implicados y que dependen exclusivamente de la voluntad política de quien, honestamente, quiera mejorar la asistencia bucodental de los ciudadanos.

No dudamos que la aplicación de cualquier medida sobre atención bucodental reflejada en los programas electorales, contará con la consulta y asesoramiento previo del Consejo General de Dentistas, en primer lugar, porque es el órgano autorizado que representa a toda la profesión; en segundo lugar, porque tiene una opinión experta que pueden compartir y, por último, porque su objetivo final, al igual que espero de nuestros gobernantes, es mejorar y mantener la salud de nuestros ciudadanos.

En definitiva, todos deseamos que la estabilidad política sea la base de un conjunto de medidas que, aunque urgentes, se adopten con la suficiente calma para no tener que lamentar otros cuatro años perdidos.

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El Día Mundial de la Salud Bucodental, que todos los años celebramos el 20 de marzo, es un evento internacional que utiliza nuestra profesión para recordar los beneficios de una boca saludable y también para concienciar a todos los pacientes, consumidores y usuarios sobre diversas cuestiones en torno a la salud oral y sobre la decisiva importancia que tiene cuidar la higiene bucal en todas las edades y en todas las situaciones. Pero este año, el Día de la Salud Bucodental en nuestro país lo celebramos con la esperada, pero no menos importante noticia, de que los Consejos Generales de Dentistas, Médicos, Farmacéuticos y Veterinarios han propiciado la iniciativa de registrar en el Congreso de los Diputados de España la Proposición de Ley que regulará en un futuro próximo la publicidad sanitaria.

En esta decisiva proposición, se exige que la publicidad sanitaria, a partir de ahora, deberá identificar con claridad y de manera objetiva la actividad sanitaria a la que se refiera, utilizando mensajes claros y comprensibles en su integridad, evitando usar términos que puedan confundir al ciudadano. Además, incluirá las advertencias y precauciones que sean necesarias para informar al paciente de los posibles efectos adversos o riesgos derivados de la actividad sanitaria anunciada.

Del mismo modo, la publicidad sanitaria destinada al público no podrá incluir ningún elemento que ofrezca un diagnóstico o aconseje un tratamiento sin la intervención del facultativo, ni sugerir que el resultado está asegurado o bien que carece de efectos secundarios y que es mejor que otro tratamiento, técnica o actividad sanitaria. Por otra parte, el proyecto también contempla en su redacción que en la promoción de un determinado producto o técnica o bien en la publicidad de una clínica o centro dental, no podrán intervenir de manera directa o indirecta, personas célebres o famosas, que debido a su notoriedad inciten al consumo. Es decir, reivindicaciones todas ellas que, además de justas y necesarias, supondrán un cambio radical en el desarrollo profesional de la Odontología en nuestro país.

Nuestra obligación como profesionales en el Día Mundial de la Salud Bucodental seguirá siendo difundir la prevención como la mejor terapéutica frente a la caries y sus consecuencias, pero este año también le insistiremos a nuestros pacientes que sigan confiando en los tratamientos eficaces, honestos y duraderos que no necesitan de una campaña de publicidad.