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La gala que todos años organiza el Consejo General de Dentistas en Madrid, no solo tiene un valor lúdico y social, sino sobre todo, una gran utilidad institucional y profesional.

Institucional, porque permite aumentar la relación personal con muchos representantes de la Administración, tal como ha ocurrido en la edición de este año, con la presencia de la Ministra de Sanidad Dª María Luisa Carcedo.

En segundo lugar, porque se conceden los premios de la Odontología Española, que son una forma de reconocer públicamente la actividad clínica, docente y social de nuestros compañeros galardonados.

Los doctores Badanelli y Martínez Berná, no solo han sido profesionales que han contribuido al prestigio y desarrollo de la Odontología a lo largo toda su vida profesional, sino que singularmente sus apellidos siempre estarán vinculados al nacimiento y desarrollo científico y profesional de la Endodoncia, una de las disciplinas básicas que han marcado el inicio de la Odontología moderna en España.

Al doctor Jaime Alfonso Gil Lozano, tengo la suerte de conocerlo desde hace años, cuando en compañía de otros muchos compañeros gallegos, nos desplazábamos hasta el Hotel Meliá Castilla para, en el salón de los tapices, asistir a los cursos que organizaba en colaboración con la Universidad del Sur de California.

Aquellos cursos, gestionados gracias a su generosidad, contribuyeron no solo a formar cuando la Universidad apenas formaba, sino que consiguieron abrir los ojos de muchos compañeros que decidieron apostar a partir de entonces, por la formación continuada de calidad. Pero estos premios, mucho más que un reconocimiento público a una determinada virtud de los profesionales, suponen una declaración de principios, ya que reconocen el compromiso y la entrega que a lo largo de muchos años han mantenido estos compañeros con su profesión.

Educar en valores es mucho más racional y eficaz que hacerlo por objetivos, y por eso la estela de los grandes profesionales siempre permanecerá guiando, aún sin quererlo, a las generaciones venideras.

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En este número de Dentistas se recogen las opiniones que sobre el estado de la profesión tiene la actual presidenta de ANEO (Asociación Nacional de Estudiantes de Odontología), Eva Álvarez de Almeida.

La presidenta de ANEO traza, en una entrevista muy reflexiva, los principales problemas que rodean y acorralan a nuestra profesión: ausencia de especialidades, escándalos y fraudes cometidos por empresarios sin escrúpulos, precariedad en el empleo, publicidad denigrante, plétora profesional, ausencia de interés por la formación en un número creciente de profesionales, etcétera. También realiza una reflexión sobre el cambio de la profesión no solo desde el punto de vista laboral, sino sobre todo, económico y social.

Estamos convencidos, al igual que ella, de que en los próximos años nos toca redefinir nuestra profesión y transformarla en una profesión sanitaria diferente a la que hoy conocemos. Para ello, será preciso no caer en los brazos de la nostalgia para planificar y diseñar el nuevo espacio profesional, es decir, olvidarnos de lo que un día fue esta profesión o de lo que querríamos que hubiese sido.

No se puede conducir un coche de manera eficaz, mirando exclusivamente por el espejo retrovisor, por eso, coincidimos con el diagnóstico que la presidenta de ANEO hace sobre nuestra común profesión. Sin embargo, a partir de ahora, queda por hacer lo más difícil y lo más sugerente, es decir, crear un nuevo entorno profesional para el siglo XXI en el que se eviten los errores del pasado, se consolide la figura del odontólogo como profesional de la salud y se proyecten nuevas fórmulas económicas y de empleo que aseguren el control de las clínicas dentales para todos los profesionales de la Odontología.

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Las Sociedades Científicas han tenido y tienen un papel esencial en el desarrollo científico, clínico y social de nuestra profesión. En su entorno y bajo su impulso, se han creado grupos de estudio, comités de expertos y novedosas fórmulas en formación continuada, cuyo principal objetivo fue y es acercar la ciencia y las nuevas técnicas al mayor número de profesionales.

Después de casi 50 años, la gran mayoría de las Sociedades Científicas gozan hoy de un excelente estado de salud. Sus congresos son ya un lugar de encuentro y de formación obligados para las nuevas generaciones. Sus protocolos y documentos clínicos son esperados por todos los profesionales como un medio seguro de actualizar y protocolizar cualquier tratamiento, y también, porque han alcanzado con esfuerzo y prestigio la capacidad de acreditar y crear marca.

Algunas de estas consideraciones aparecen reflejadas en la entrevista que este número de la revista Dentistas realiza al Dr. Ignacio Rodríguez, como despedida a su exitosa presidencia de la Sociedad Española de Prótesis Estomatológica, SEPES.

Detrás de la sonrisa permanente del Dr. Ignacio Rodríguez, hay mucha alegría y seguridad, pero al mismo tiempo, una gran capacidad de trabajo, su inquebrantable ilusión y también su permanente confianza en el futuro profesional, especialmente en el de los más jóvenes.

Hay frases que trascienden a sus propios autores, y por eso cuando el doctor Ignacio Rodríguez se refiere a que “ La escalera del éxito no se puede subir con las manos en los bolsillos …”, traza una línea invisible que une a todos nuestros jóvenes odontólogos con aquellos pioneros que dedicaron buena parte de su tiempo a crear las primeras Sociedades Científicas en nuestro país.

El resultado es evidente, y resulta muy reconfortante cuando podemos comprobar que un nutrido grupo de jóvenes y, al tiempo, expertos conferenciantes, abarrotan las salas de conferencias justificando así la visión de futuro que un día tuvieron sus mayores.

El presidente del Consejo General de Dentistas, el Dr. Óscar Castro Reino, y su comité ejecutivo han obtenido un amplio respaldo de los Colegios profesionales de toda España, lo que supone de manera implícita la aprobación de su gestión económica, científica, social y política.

Esta es, sin duda, una buena noticia para la profesión porque revela una señal inequívoca de unidad y, a diferencia de otros ámbitos, no existirá el lastre continuo del pacto, como premisa indispensable en la acción de gobierno.

Por lo tanto, desde estas líneas, los mejores deseos para estos próximos años porque vuestros aciertos serán, sin duda, nuestras conquistas.

El cierre de iDental, no es la crónica de una muerte anunciada, que podría relatar Vargas Llosa, sino el final de un despropósito que toda la profesión y el Consejo General de Dentistas habían pronosticado con una funesta exactitud.

No creo que deba ser este el momento de analizar sus consecuencias, porque tendremos tiempo suficiente para hacerlo, sino de reflexionar una vez más sobre sus causas, cimentadas todas ellas sobre la impunidad legislativa que han favorecido todos estos atropellos.

El Estado y la Unión Europea han instaurado la libre competencia como un aparente medio de proteger los derechos de los consumidores y usuarios, pero ¿ha sido el medio más honesto de proteger a nuestros pacientes? La respuesta la tiene el cómplice mutismo que han mantenido los responsables sanitarios de las Comunidades Autónomas y del Estado hasta hace poco tiempo.

El cierre simultáneo de varias multidentales en diversos puntos de nuestra geografía, además de inesperado, injustificado e indecente, ha permitido dejar en la estacada a cientos de pacientes sin finalizar o comenzar unos tratamientos previamente pagados o financiados y ha sembrado, de nuevo, la negra sombra de la desconfianza sobre el conjunto de la profesión.

En muchos de estos casos, se ha intentado disimular estos cierres con una aparente suspensión de pagos – a la que todo empresario tiene derecho – que en realidad encubría una siniestra estrategia urdida con nocturnidad, premeditación y alevosía.

Nocturnidad, porque esa ha sido la hora elegida en la mayoría de los casos, para bajar la reja y poner un cartel de cerrado sin más explicaciones, ante la mirada atónita de unos pacientes que no tenían más consuelo que sus propias preguntas.

Premeditación, porque ninguno de estos cierres fue comentado previamente a sus trabajadores, ni negociaron con ellos el despido o buscaron una solución económica consensuada para ofrecer una viabilidad a la empresa.

Y por último y más importante, con alevosía, porque en las semanas previas al cierre del centro, sus propietarios se han dedicado a financiar nuevos tratamientos que a buen seguro sabían que nunca llegarían a realizar y mucho menos a finalizar. La alevosía, es un agravante a la hora de enjuiciar un hecho, porque como en este caso, se utilizan métodos que aseguran el delito, evitan que la víctima pueda defenderse e impiden que un tercero pueda intervenir, asegurando al delincuente, un delito sin riesgo.

Todos estos lamentables hechos, justifican la necesidad de que la titularidad de las clínicas dentales de este país vuelva a ser propiedad de los profesionales de la Odontología y la Estomatología, como único medio de asegurar su defensa, su supervivencia y una utilidad pública basada en los criterios éticos y deontológicos que siempre han guiado nuestra profesión.